La mascota que me acercó a la Naturaleza

Home  /  Blog  /

La mascota que me acercó a la Naturaleza
Cachorros cocker dorado

La mascota que me acercó a la Naturaleza

¿Puede un cachorro cambiar tu forma de ver el mundo? Eso fue lo que me pregunté la primera vez que lo vi, con esos ojos grandes como lunas llenas y un temblor provocado por lo desconocido en su pequeño cuerpo.

No sabía entonces que esa bolita de pelo no solo tenía la misión de hacerme compañía,  sino también devolverme algo que había perdido sin darme cuenta: el contacto con la Naturaleza.

No hace falta que yo te lo diga. Tú lo sabes. Sabes perfectamente que vivimos en un mundo estresante y egoísta.

Un mundo saturado de pantallas, horarios enloquecidos y rodeados de ruidos estridentes, que no hacen otra cosa que poner a prueba a diario nuestra capacidad de resiliencia.

Y con todo esto, una mascota se convirtió en ese pedazo de bosque que me faltaba. Una mascota consiguió darme el mismo calor que un rayo de sol de primavera y hacerme ver el sentido que tiene que el ser humano cuide de nuestro entorno y nuestro Planeta.

Planeta que está amenazado por el cambio climático, presente en las altas temperaturas que sufrimos en verano y las tormentas cíclicas que provocan destrucción… y muerte.

Yo vivía inmerso en la ciudad, entre semáforos, cemento y pantallas.

Tenía 21 años y estudiaba Ingeniería Ambiental, una carrera que exige tanto rigor como pasión.

Soñaba con convertirme en consultor ambiental, participar en proyectos de sostenibilidad urbana, proteger los ecosistemas… pero lo cierto es que pasaba la mayor parte del tiempo entre clases online, informes técnicos y simulaciones digitales.

Estudiaba la Naturaleza, sí, pero no la vivía.

Sabía describir el ciclo del carbono, pero hacía meses que no pisaba un sendero.

Reconocía el canto de un mirlo… gracias a un archivo de audio.

Algo en mí empezaba a sentirse incoherente, como si entre mi vocación y mi realidad hubiera un abismo.

Y afortunadamente se produjo un cambio

Fue entonces cuando apareció él.

Una amiga me habló de una camada de cachorros que buscaban hogar. Al principio dudé —“¿y si no tengo tiempo? ¿Y si no puedo atenderlo como merece?”—.

Pero había algo dentro de mí que pedía un cambio. No sabía cómo explicarlo. Era un cambio que intuía que había que hacer. Pero no lo podía explicar con palabras.

Así que me decidí y fui a conocer a esos cachorros. He de reconocer que sentía una mezcla de escepticismo y curiosidad.

También he de reconocer que me sentía algo nervioso porque mi intuición me decía que estaba delante de una decisión muy importante para mi futuro. 

Y entonces lo vi.

Era pequeño. Estaba en su pequeña jaula acurrucado y en silencio. Como ya he dicho al principio, me sorprendieron sus grandes ojos y también me fijé en ese temblor que en un poco tiempo cesó.

Me miró como si supiera algo de mí que yo aún no entendía. Lo adopté ese mismo día.

Desde entonces, todo cambió.

Vuelta al contacto con la Naturaleza

Con él, la naturaleza volvió a tener textura y olor. Salíamos a caminar al parque y empecé a notar cosas que había dejado de ver:

Las nubes en movimiento.

El viento entre los árboles.

La tierra blanda bajo mis pies.

Él me enseñó a detenerme, a observar sin prisa, a escuchar. Lo vi olfatear el aire, fijarse en cada hoja, en cada insecto.

Yo, que sabía tanto de ecosistemas, me di cuenta de que no sabía casi nada de lo que pasaba a cinco metros de mi casa.

La gran escapada definitiva

Un mes después de adoptarlo, tomé una decisión inesperada: subí al Moncayo o Pico de San Miguel

Durante años había oído hablar de él —es el pico más alto del Sistema Ibérico, con 2.316 metros de altitud, situado entre Zaragoza y Soria— pero nunca lo había visitado.

Estaba tan cerca que me pregunté, irritado conmigo mismo, por qué no lo había ido a visitar antes.  Lo cierto es que siempre había dado excusas. Que si tenía exámenes, que si no me encontraba bien de salud, que esperaba una visita….

Pero lo que estaba claro es que tanto a él como a mí nos iba a ir muy bien tener más espacio, aire libre.

La subida al Moncayo fue mucho más que una excursión.

Cruzamos hayedos con hojas doradas por el otoño.

Escuchamos el silencio de las alturas.

Respiramos aire nuevo.

Él corría por delante, feliz, libre, como si conociera cada piedra. Y yo lo seguía, emocionado, preguntándome una y otra vez  cómo había podido pasar tantos años ignorando lo que tenía tan cerca.

En la cima, mientras él se sentaba a mi lado con la lengua fuera y la mirada brillante, entendí algo esencial: Que había estado estudiando un montón de asignaturas pero sin contacto con la vida real. Desde luego, una tremenda equivocación.

Mi cachorro no solo me dio compañía, me dio coherencia. Me recordó por qué había elegido esa carrera, por qué quería proteger el mundo natural. Me devolvió la emoción que los libros no podían darme.

Desde entonces, todo ha cobrado más sentido. Sigo estudiando, sigo soñando con proyectos grandes.

Pero ahora tengo los pies más firmes en la tierra. Porque cada paseo con él es una clase diferente.

Cada día juntos me recuerda de que la naturaleza no necesita ser perfecta para ser amada, solo necesita ser vivida.

Hoy, cuando vuelvo de clase y lo veo esperándome junto a la puerta, moviendo la cola con esa alegría sin condiciones, sé que no es solo un perro.

Es mi brújula.

Es ese recordatorio diario de que el amor por la naturaleza no empieza en los libros, ni en los grandes discursos, sino en los pequeños gestos cotidianos.

En cuidar a quien depende de ti, en pisar la tierra con respeto, en mirar a un árbol y no olvidarte de que estás vivo.

Adoptarlo no me distrajo de mi propósito. Me lo devolvió.

Por eso, si sientes que el mundo va demasiado rápido, si has perdido la curiosidad por las cosas que te rodean, si extrañas algo que no puedes nombrar… tal vez lo que te falta no está lejos. Tal vez tiene cuatro patas, una mirada noble, y está esperando conocerte para enseñarte a ver el mundo con otros ojos.

Ama a los animales. Ama la naturaleza. Porque cuando cuidas de uno, estás cuidando de la otra. Y también de ti.

Últimas Publicaciones